Aisoy Blog #4

Si tuvieras un sofisticado robot mentor para tu hijo: ¿qué debería enseñarle: matemáticas o aprender a aprender las matemáticas? Piénsalo detenidamente antes de responderte.

 

Es una pregunta trampa. No hay por qué elegir una u otra. Más bien se trata que una te lleve a la otra y a otras materias. Sin embargo, no se suele dar la misma importancia a la competencia de Aprender a Aprender aún siendo ambas importantes. En la entrada anterior del blog hablamos de la importancia del desarrollo de las soft-skills para la educación de los niños y cómo los robot sociales pueden jugar un papel importante. Poníamos como ejemplo, la creatividad por su interés mediático aunque hay otras que quizás sean incluso más importantes por el beneficio que aportan como es el Aprender a Aprender.

 

Aprender a aprender

El otro día descubrí por casualidad un tesoro. Estaba navegando sin rumbo conocido, como tantas otras veces hacemos todos, saltando de un enlace a otro por instinto, cuando vi un comentario en el que Héctor Ruiz Martín, director de International Science Teaching Foundation, docente e investigador, especialista en psicología cognitiva del aprendizaje, decía que no había evidencia científica que mostrara que la creatividad fuera una competencia que pudiera desarrollarse y transferirse a otro campo sustancialmente diferente del que la hemos desarrollado. Esto es, que podemos desarrollar la creatividad en un campo que dominamos con conocimientos significativos, pero que esa competencia no podemos transferirlo a un campo totalmente ajeno. Vamos, que Ferrán Adriá puede ser muy creativo en cocina pero poco puede aportar en el campo de la visión por computador, salvo que también sepa de ello. Dicho de otra forma, desarrollar la competencia de resolución de problemas y creatividad en el ámbito de la programación, nos permite ser creativos e imaginativos para encontrar soluciones en aquellos problemas que puedan resolverse mediante la programación.

¿Curioso, verdad? 

Profundizando un poco más, encontré una entrevista donde se le preguntaba por el papel de la inteligencia emocional y educar en emociones a la hora de aprender. La respuesta consiguió atraer aún más mi atención dada la base científica que hay detrás de esa afirmación: “El estudiante exitoso no solo se autorregula, planificando, organizando y monitorizando su aprendizaje, sino que también lo hace a nivel emocional. Esto le permite aplazar las recompensas para realizar las tareas de aprendizaje cuando toca, así como mantener los nervios a raya ante una prueba evaluativa o una presentación en público”.

Problemas que nos resultan familiares a todos. Cuando éramos alumnos y cuando somos padres porque los vemos reflejados diariamente en nuestros hijos. Nunca nos enseñaron a hablar en público, a comunicar, y se sigue sin enseñar en la mayoría de los colegios. Nunca nos enseñaron a gestionar los nervios ante un examen más allá de la tila. Nuestros padres pensaban que eso no se podía gestionar, y la mayoría de los padres actuales lo siguen pensando.

Mi curiosidad me llevó finalmente a su libro “¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza” donde incluye los resultados de todos los estudios científicos que avalan o desmienten muchos de los tópicos que aún hoy siguen poblando las conversaciones sobre metodologías innovadoras educativas, y en ocasiones, sustentándolas. 

¿Cuantas veces hemos oído lo de que la música ayuda a aprender? Bueno, pues no hay evidencia científica que avale que el que estudia con música aunque sea de Mozart aprende más y mejor que el que lo hace en silencio. Tampoco la hay sobre el que el subrayar ayude más que el no hacerlo. Y una cosa que me llamó mucho la atención y me llevó a la reflexión es comprender el por qué nos resulta fácil memorizar una secuencia de 3 animales dichos en español y tan difícil en un idioma que no conocemos o incluso que conocemos de forma básica. 

Por si alguien tiene interés aquí dejo el enlace a Amazon. Hay otras muchos topicazos sobre los que no hay evidencias científicas ni a favor ni en contra.

¿Y esto qué tiene que ver con Aprender a Aprender? ¿Qué importancia tiene para mi hijo?

Pues mucho. Entendiendo cómo funciona nuestro cerebro a la hora de aprender podemos establecer los mecanismos que mejor funcionan en ese aprendizaje. Y Aprender a Aprender es la competencia que nos permite adquirir conocimientos profundos de cualquier materia con independencia de cómo realmente seamos, o lo bien o mal que ‘se me de’ una materia. 

De ahí su importancia. No se trata de adquirir una información para el examen de mañana y luego olvidarla. Se trata de adquirir un conocimiento para mantenerla y utilizarla en el futuro. Algunos descubren esos mecanismos por sus propios medios y tienen mucho ganado en rendimiento académico. Otros no tienen esa suerte y les cuesta horrores sacar algunas asignaturas adelante, supuestamente porque ‘no es lo suyo’. Estos estudios muestran que no es realmente así. Todos tienen más o menos las mismas oportunidades para Aprender a Aprender. La diferencia está en saber cómo hacerlo.

Y esto, siempre ha sido importante, pero en tiempos del covid, quizás lo sea más. No sabemos si los niños van a tener que seguir compaginando su educación de forma presencial o virtual. Es posible que durante un tiempo estos modelos deban convivir y quizás se queden. En ese escenario, los padres no disponen de tiempo para ejercer de ‘profesores’ en casa. Pueden ser un soporte. ¿Cuánto tiempo han empleado los padres en gestionar el tiempo educativo de sus hijos? ¿Es sostenible?

Siguiendo el dicho popular, los niños han recibido los peces pero no han sido enseñados a pescar. No han sido enseñados a Aprender a Aprender. Y, aquellos que sí lo han hecho, todo su entorno ha salido ganando: los profesores, los padres, y sobre todo los niños.

¿En el cole o en casa?

Cualquier sitio es bueno y ambos no están exentos de dificultades. 

En el cole es difícil porque hay poco espacio para todo aquello que no sea el curriculum, y aunque estas competencias hay que desarrollarlas, son difíciles de evaluar. Con lo que la mayoría de las veces queda en el ámbito de la iniciativa del profesor más que en una implantación real dentro del sistema educativo.

En casa es aún más difícil si cabe. La mayoría de padres, más que los profes, están orientados hacia las notas como sinónimo de éxito. Adquirir conocimientos profundos sobre una materia suele llevar asociado una buena nota, sin embargo, al revés la mayoría de las veces no es cierto porque se ha ‘memorizado’ sin realmente adquirir el conocimiento asociado. Se memoriza para el examen en lugar de para aprender. Como además, no hay notas asociadas a esto, no suele ser una prioridad. Pero en el caso que lo fuera, los padres no suelen disponer de tiempo de calidad ni conocimientos suficientes para ello. Que levante la mano quién podría enseñar a sus hijos a Aprender a Aprender. Si la has levantado, ¡enhorabuena! Tu hijo tiene una gran ventaja sobre el resto.

Los robots sociales, ¿una herramienta para enseñar a Aprender a Aprender?

Hasta ahora, los robots sociales como Aisoy KiK se han empleado para aprender capacidades STEM, y parcialmente para desarrollar habilidades soft como la creatividad y el trabajo en equipo. O también, en el caso de Aisoy EMO para ayudar a desarrollar habilidades sociales, emocionales y cognitivas a niños con Autismo u otras Necesidades Especiales.

El caso de otros robots más o menos sofisticados tienen usos paralelos. 

Sin embargo, los robots sociales disponen de los elementos necesarios para ir más allá en la educación en competencias blandas como sería el caso de Aprender a Aprender.

Sus características para interaccionar por voz, para identificar la situación emocional del niño, ver sus reacciones, escuchar con paciencia, mostrar alternativas, sin prisa porque tiene todo el tiempo del mundo lo hacen diferente a todo y lo posiciona como una herramienta educativa increíble. En definitiva, de forma similar a un mentor humano construye una relación basada en la confianza que proporciona al niño la comprensión primero y la autoregulación después: entendida ésta como aquellos mecanismos que le permiten de forma autónoma, planificarse, evaluarse, regularse emocionalmente, motivarse, modificar sus estrategias de estudio en función de su autoevaluación y mantener su rutina. De forma simplificada, tener iniciativa, autonomía y determinación lo que les permitirá estar más preparados ante cualquier eventualidad, incluso en periodos de confinamiento.

En esa autorregulación, la autorregulación emocional es clave pues permite mantener la motivación en la tarea del aprendizaje cuando quizá el niño preferiría estar jugando al Among Us. Esto se conoce técnicamente como gratificación retardada: esa capacidad de aplazar las recompensas.

A pesar de ello, los robots sociales aún no están siendo explotados en esta línea pese a sus potenciales beneficios. Pero no queda mucho para que esta situación cambie. Las bases técnicas y pedagógicas ya se encuentran en robots emocionales como Aisoy KiK y Aisoy EMO. Dar el salto, un pequeño salto, para encontrarnos con ellos en nuestros hogares trabajando en la educación en competencias blandas es cuestión de tiempo, muy poco tiempo. Un robot mentor de este estilo sería un compañero ideal para nuestros hijos que permitiría ayudarles en su proceso educativo complementando la acción del profe en el cole y de los padres en casa. Sería genial, ¿verdad?

 

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